
Las tres hermanas visitaron Dinamarca en una ocasión y entraron en la morada de un noble cuando su primer hijo vino al mundo. Introduciéndose en la habitación en la que se encontraba la madre, la primera Norna prometió que el niño sería bien parecido y valiente y la segunda que sería próspero y un gran escaldo, predicciones que llenaron de alegría los corazones de los padres. Mientras tanto, las noticias de lo que estaba sucediendo se habían expandido y los vecinos entraron en la habitación en tales cantidades que la tercera Norna fue empujada groseramente fuera de su asiento.
Furiosa ante esta afrenta, Skuld se alzó altanera y declaró que los dones concedidos por sus hermanas serían inútiles, ya que ella decretaba que el niño viviría sólo tanto tiempo como el cirio que ardía al lado de la cama tardara en consumirse. Estas palabras llenaron de terror el corazón de la madre y estrechó estremeciéndose al bebé contra su pecho, pues el cirio ya casi se había consumido y su extinción estaba cercana. La Norna mayor, sin embargo, no tenía la intención de ver cómo sus predicciones se convertían en nada, pero, ya que ella no podía obligar a su hermana a retractarse de sus palabras, asió rápidamente el cirio, apagó la llama y le entregó el pedazo humeante a la madre del niño, pidiéndole que lo guardara cuidadosamente y que nunca volviera a encenderlo hasta que su hijo estuviera ya hastiado de la vida.
Al niño se le dio el nombre de Nornagesta, en honor a las Nornas y creció siendo tan hermoso, valiente y talentoso como cualquier madre pudiese desear. Cuando fue lo suficientemente mayor como para comprender la solemnidad de sus obligaciones, su madre le contó la historia de la visita de las Nornas el día de su nacimiento y colocó en su mano el fragmento de vela que quedaba, el cual guardó durante muchos años, dentro del armazón de su arpa para más seguridad. Cuando sus padres fallecieron, Nornagesta deambuló de un lugar a otro, tomando parte y destacando en todas las batallas, cantando sus hazañas heroicas dondequiera que fuese. Ya que era de temperamento entusiasta y poético, no se cansó pronto de la vida, y mientras otros héroes se hacían viejos y decrépitos, él permanecía joven de corazón y vigoroso de cuerpo. Por tanto, presenció las emocionantes gestas de las épocas heroicas, fue un preciado compañero de los antiguos guerreros y, tras vivir durante trescientos años, vio que la creencia en los antiguos dioses paganos pasaba a ser sustituida por las enseñanzas de los misioneros cristianos. Nornagesta llegó finalmente hasta la corte del rey Olav Tryggvesson, el cual, siguiendo su costumbre, le convirtió casi a la fuerza y le convenció para que fuera bautizado. Entonces, deseoso de convencer a su gente de que los tiempos de las supersticiones habían pasado, el rey obligó al anciano escaldo a extraer y encender el cirio que había guardado con tanto cuidado durante más de tres siglos.
A pesar de su reciente conversión, Nornagesta observó inquieto la llama mientras parpadeaba y, cuando finalmente se apagó, cayó al suelo sin vida, demostrando así que, a pesar del bautismo recién recibido, él aún creyó en las predicciones de las Nornas.
16 julio 2008
La Historia de Nornagesta
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07 julio 2008
Babalú Ayé

Era Babalú Ayé un hombre justo, sencillo, bondadoso y humilde, aunque poderoso, conocido no sólo por su fortuna, sino por su capacidad para enfrentar la adversidad sin lamentaciones inútiles, por su buena disposición para no dejarse abatir por los contratiempos. Aunque joven aún, era respetado y escuchado en su tierra. Incluso Olofin confiaba en su sensatez y ecuanimidad.
A tal punto, que cuando el envidioso Echu le argumentó que no había ni siquiera un hombre justo en la tierra. Olofin de inmediato mencionó a Babalú Ayé como ejemplo, y para dar mayor peso a sus palabras, retó a Echu a que lo tentara y le hiciera perder su fortuna, para ver si culpaba a alguien por ello. Ni corto ni perezoso, Echu así lo hizo y Babalú Ayé perdió hasta la camisa; pero no maldijo ni renegó.
Echu, indignado, se quejó ante Olofin de que Babalú Ayé conservaba su compostura, porque, a pesar de que no tenía fortuna, tenía salud, y todo hombre sano se siente en condiciones de rehacer su vida. Olofin, confiando siempre en Babalú Ayé, instó a Echu a quitarle también la salud. Y allá fue Echu, a cubrir a su víctima de la más asquerosa lepra, la cual lo convirtió en un apestado entre sus propias gentes. Pero ni así logró oir los ayes o las maldiciones de Babalú Ayé.
Volvio Echu ante Olofin, quien, molesto por tanta insistente saña, lo increpó diciéndole que no sólo no le daría ni una oportunidad más de perjudicar a un hombre cuya integridad estaba más que probada y a quien lo único que restaba por hacer era privarlo de la vida, sino que su decisión irrevocable era devolverle a Babalú Ayé fortuna y salud como bienes merecidos.
Y he aqui que Babalú Ayé, más poderoso y fuerte que antes, echó a andar por los caminos de su tierra en busca de una mujer con quien establecer una familia y asegurarse descendencia. Pero quiso su mala suerte que se prendara de la hermana del rey de una tierra vecina, a la cual contagió con sus llagas, por no haber esperado el tiempo necesario para su total curación.
Enterado el soberano, desterró a Babalú Ayé, quien se vio de nuevo en el camino, rotos sus sueños de descendencia y triste porque se le condenaba a vagar sin destino fijo.
Cruzó la frontera y fue a parar muy lejos de su tierra, a un hermoso lugar por donde cruzaba un río y crecían enormes y frondosos árboles. Allí se radicó y fue feliz durante algunos años, sin abandonar la esperanza de tener familia.
Y la ocasión llegó con una hermosa mujer de sedosa y brillante piel morena quien, procedente de otras tierras, había arribado allí por azares del destino. Con amor y tenacidad, ella ayudó a Babalú Ayé a formar su familia, a recuperar su prosperidad y a colaborar con la mayor prosperidad de su pueblo adoptivo: su familia mayor.
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01 julio 2008
Ix Chel e Itzama; La Luna y el Sol

Cuenta una antigua leyenda, que hace muchos muchos años, vivía una diosa hermosa llamada Ix Chel. Itzama, el dios del Sol al verla se enamoró de ella. El tiempo pasó y ellos se casaron, yendo a vivir al cielo en donde pasaron mucho tiempo felices.
Se cuenta que Itzama era un dios muy violento y sumamente celoso, entonces un día, tras uno de sus ataques de celos, acusó a Ix Chel de serle infiel.
Ella que siempre había respetado a su marido, se sintió muy dolida y en vez de discutir con él, simplemente lo dejó y se fue a vivir al cielo de la noche.
Cuando Itzama recapacitó, la fue a buscar, pero Ix Chel se escondió y así lo siguió haciendo cada vez.
Entonces, cuando el dios Sol se retira, sale Ix Chel, la diosa de la Luna, a alumbrarnos la noche.
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30 junio 2008
El espíritu del Híkuri

Cuentan los ancianos, que hace mucho, mucho tiempo en la sierra huichola se reunieron los abuelos para platicar de la situación en la que se encontraban. Su gente estaba enferma, no había alimentos, ni agua, las lluvias no llegaban y las tierras estaban secas.
Decidieron mandar de cacería a cuatro jóvenes de la comunidad, con la misión de encontrar alimento y traerlo a su comunidad para compartir fuera mucho o poco. Cada uno representaba un elemento, es decir el fuego, el agua, el aire y la tierra.
A la mañana siguiente emprendieron el viaje los cuatro jóvenes, cada uno llevando su arco y su flecha. Caminaron días enteros hasta que una tarde de unos matorrales saltó un venado grande y gordo. Los jóvenes estaban cansados y hambrientos, pero cuando vieron el venado se les olvidó todo; comenzaron a correr detrás de él sin perderlo de vista. El venado veía a los jóvenes y se compadeció. Los dejó descansar una noche y al día siguiente los levantó para seguir con la persecución. Así transcurrieron semanas hasta que llegaron a Wirikuta (desierto de San Luis Potosí y camino sagrado de los huicholes). Estaban justo en la puerta al lado del cerro de las Narices, en donde habita un espíritu de la tierra y vieron al venado que brincó en esa dirección. Ellos juraban que se había ido por ahí, lo buscaron pero no lo hallaron. De pronto uno lanzó una flecha que fue a caer en una gran figura de venado formada en la tierra de plantas de peyote. Todas juntas brillaban con el sol, como esmeraldas mirando a una dirección. Confundidos los jóvenes con lo sucedido, decidieron cortar las plantas que formaban la figura del venado (marratutuyari) y llevarlas a su pueblo.
Después de días de camino llegaron a la sierra huichola donde los esperaba su gente. Se presentaron de inmediato con los abuelos y contaron su experiencia. Comenzaron a repartir el peyote (híkuri) a todas las personas que después de un rato los curó, alimentó y les quitó la sed. Desde ese momento los huicholes veneran al peyote que a mismo tiempo es venado y maíz, su espíritu guía. Así cada año, hasta nuestros tiempos, siguen andando y peregrinando, manteniendo viva esta ruta de la sierra huichola hasta Wirikuta, para pedirle al Dios lluvias, sustento y salud para su pueblo.
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15 mayo 2008
Cuchulain y Skatha

Cuchulain pensaba en cómo prepararse para la guerra y para las hazañas heróicas con que ganaría el corazón de Emer, la mujer a la que amaba.
Había escuchado hablar sobre una fuerte guerrera llamada Skatha que, en la Tierra de las Sombras, enseñaba a los jóvenes héroes.
El joven enfrentó grandes peligros en el camino a la Tierra de las Sombras, cruzó oscuros bosques e inmensos desiertos. Luego de escapar de las bestias de Perilous Glen, llegó al legendario Puente de los Obstáculos que debía cruzar para llegar a las tierras de Skatha.
Alli encontró a muchos hijos de los príncipes de Irlanda, que esperaban aprender las artes de la guerrera. Entre ellos estaba su amigo Ferdia, hijo de Daman, a quien pidió que le explicara cómo llegar a las tierras de Skatha.
El puente de los obstáculos era muy estrecho y estaba sobre un desfiladero, donde muy abajo se podía ver un mar ardiente donde nadaban monstruos terribles.
Ferdia le dijo: "Ninguno de nosotros ha cruzado el puente, pues hay dos hazañas que Skatha enseña al final, una es saltar por encima del puente y la otra es lanzar la Gae Bolg. Si un hombre pisa los extremos del puente, inmediatamente la mitad se alza y lo devuelve a su punto de origen, y si salta sobre él, puede perder el equilibrio y caer donde están los monstruos."
Cuchulain decidió reponerse del viaje, y cuando cayó la noche, ensayó el cruce del puente. Tres veces lo intentó, y las tres veces fue rechazado, mientras sus compañeros se burlaban de él por no ser capaz de esperar la ayuda de Skatha.
En el cuarto salto llegó a la mitad del puente, y con un salto más, estuvo frente a la fortaleza de la mujer guerrera en dónde ella lo esperaba. Skatha le alabó su coraje y lo admitió como alumno.
Durante un año y un día Cuchulain vivió con Skatha y aprendió con facilidad todo cuanto ella le enseñaba. Finalmente fue instruido en cómo usar la Gae Bolg (bella lanza), que se lanzaba con el pie y al entrar en el cuerpo del enemigo agrietaba cada músculo de su cuerpo.
Skatha le dio la poderosa arma ya que, antes de conocerle, había considerado que nadie era adecuado para poseerla, entonces, Cuchulain se convirtió en un experto guerrero.
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