
Rhiannon había sido prometida en matrimonio a un hombre mayor que ella encontraba repugnante. Desafiando el deseo de su familia, Rhiannon, al igual que otras diosas celtas, se negó a casarse con uno de su "propia naturaleza".
En lugar de ello, la diosa Rhiannon había elegido a un rey mortal, Pwyll, como su futuro esposo, a quien se le apareció una tarde mientras él se encontraba con sus compañeros en un cerro cercano a su castillo.
Cuando el joven rey vio a Rhiannon, quedo encantado con la visión de la hermosa diosa vestida de brillante oro, galopando en su poderosa yegua blanca. Ella pasó por el sin brindarle ni siquiera una mirada. Pwyll estaba intrigado, entonces envió a uno de sus siervos a capturarla y le pidió que se la trajera. Pero pronto el sirviente regresó y le informó al rey, que aquella mujer corría con tanta rapidez que parecía su caballo apenas tocaba el suelo y que él ni siquiera había podido ver a donde se había ido.
Al día siguiente, Pwyll regresó solo al cerro y una vez más, la diosa celta apareció. Montado en su caballo, Pwyll, la persiguió pero tampoco pudo alcansarla. A pesar que su caballo corría más rápido que el de Rhiannon, la distancia entre ellos siempre parecía la misma. Por último, después de que su caballo comenzó a temblar del agotamiento, se detuvo y le suplicó a ella que se detuviese. Rhiannon lo hizo.
-Si veías que venía tras de ti, por qué no te detuviste? - preguntó el rey.
-Porque no me lo habías pedido. -respondió la Diosa.
La diosa Rhiannon entonces le hizo saber que ella había venido a encontrarlo en búsqueda del amor. Pwyll recibió la noticia con agrado y entonces tomó las riendas de la blanca yegua para guiarla a su reino. Rhiannon sonrió con ternura y sacudió la cabeza, diciéndole que deberían esperar un año para luego casarse. En ese momento, la diosa Rhiannon simplemente desapareció en las profundidades del bosque.
Rhiannon regresó un año más tarde, vestida como antes, para saludar a Pwyll en el cerro. Él estuvo acompañado por una tropa de hombres, como corresponde a un Rey en su día de la boda. Hablando sin palabras, Rhiannon invitó a los hombres a seguirla por el enmarañado bosque. Aunque temerosos, ellos cumplieron. A medida que se internaban entre los árboles, un camino se abría hacia adelante a la vez que tras ellos, el camino se cerraba.
Al llegar a un claro, se unió a la procesión, una bandada de pequeños pájaros cantores que revoloteaban juguetonamente en el aire alrededor de la cabeza de Rhiannon. Con el sonido de sus hermosos trinos, todos los temores de los hombres se fueron disipando. En poco tiempo llegaron al palacio de su padre, un lugar majestuoso construido de cristal plateado, rodeado por un lago.
Después de la boda, una gran fiesta tuvo lugar para celebrar el matrimonio de la diosa. La familia y el pueblo de Rhiannon son a la vez acogedores y alegres, pero una pelea estalló a la celebración. Se dice que el hombre al que una vez había sido prometida a contraer matrimonio estaba haciendo una escena, argumentando que no se debía permitir a la joven diosa, que se case con alguien de fuera de su propio pueblo.
Rhiannon se alejó discretamente del lado de su marido, para hacer frente a la situación... usando un poco de magia, convirtió al persistente hombre en un tejón y lo atrapó en una bolsa que tiró en el lago. Desafortunadamente, él logró escapar y más tarde volvió a causar grandes estragos en la vida de Rhiannon.
Al día siguiente Rhiannon, Pwyll y sus hombres parten para ir a Gales para presentar a su princesa. Cuando salieron del bosque y los árboles se cerraron detrás de ellos, Rhiannon tomó un momento para echar un vistazo hacia atrás. Ella sabía que la entrada al reino de hadas se había cerrado y que nunca más podría volver al hogar de su infancia.
Rhiannon fue acogida con satisfacción por la gente de su esposo y admirado por su gran belleza y su hermoso canto. Sin embargo, dos años pasaron sin ella quedara embarazada del heredero al trono. La cuestión de su sangre, su "aptitud" para ser reina comenzó a ser puesta en duda. Afortunadamente, en el siguiente año ella quedó embarazada y tuvo un saludable hijo. Este bebé, sin embargo, iba a ser la fuente de una gran tristeza para Rhiannon y Pwyll.
Como era costumbre entonces, seis mujeres habían sido asignados a quedarse con Rhiannon en su cuarto para ayudar con el cuidado del bebé. Aunque las mujeres tenían que trabajar en turnos, durante la noche todas atendían al bebé para que la diosa Rhiannon pudiera dormir y recuperar su fuerza después del parto.
Pasó que una noche, todas las criadas se quedaron dormidas y cuando se despertaron, encontraron la cuna vacía. Temiendo ser severamente castigadas por su negligencia, ellas idearon un plan para culpar a la diosa Rhiannon que después de todo, era una extraña que no pertenecía a su propio pueblo. Las criadas mataron a un cachorro y ensuciaron con sangre a Rhiannon mientras dormía y esparcieron sus huesos alrededor de su cama. Entonces la diosa fue culpada de comerse a su propio hijo.
Aunque Rhiannon juró su inocencia, Pwyll, por su propio sufrimiento, la conmoción y el dolor y ante el enojo de sus asesores y del pueblo, no pudo defenderla. Solo se limitó a decir que él no iba a divorciarse de ella pero pedía para ella un castigo.
Entonces es condenada a llevar sobre su espalda a todos los visitantes que vayan a la fortaleza de su esposo. Durante cuatro años Rhiannon estuvo en la puerta de castillo, contando a todos la historia de su delito.
Rhiannon cumplió con su humillante castigo sin queja. A través del frío de los inviernos y el polvo de calor de los veranos, ella soportó con tranquila aceptación. Su valor era tal que pocos aceptan su oferta de transporte en el castillo. El respeto de la gente empezó a propagarse en todo el reino con los viajeros que hablaban de la condena, la pena y la dignidad con la que la diosa Rhiannon llevaba su sufrimiento.
En el otoño del cuarto año, tres desconocidos aparecieron en la puerta. Eran un hombre bien vestido, su esposa, y un chico joven. Rhiannon se levantó para saludarlos diciendo: "Señores, estoy aquí para llevarlos sobre mi a cada uno de ustedes a la corte del Rey, porque he matado a mi único hijo y este es mi castigo". El hombre, su esposa, y el niño desmontaron.
Mientras que el hombre levantaba a Rhiannon, el niño le entregó un trozo de vestido de bebé. Rhiannon vio que era de la tela que había tejido con sus propias manos. El muchacho entonces le sonrió y ella reconoció que tenía delante los ojos de su hijo, Pryderi.
Al poco tiempo la historia fue contada. Cuatro años antes, durante una gran tormenta, el noble agricultor había sido llamado al campo para ayudar a una yegua en el trabajo de parto. Fue entonces cuando oyó el llanto de un bebé que encontraron abandonado. Él y su esposa se quedaron con el bebé, y lo criaron como si fuera propio. Cuando los rumores de la suerte de la diosa Rhiannon llegado a sus oídos, el agricultor se dio cuenta de lo que había sucedido y quisieron devolver el niño a sus padres.
La mayoría de las leyendas sugieren que el raptor fue el tejón, aquel antiguo pretendiente que enfurecido porque Rhiannon lo había rechazado, había escapado y había tomado venganza, secuestrando a su bebé.
El muchacho fue reconocido rápidamente cómo hijo del Rey Pwyll. La diosa Rhiannon fue restaurada en su honor y recuperó su lugar al lado de su marido. A pesar que había sufrido enormemente en sus manos, Rhiannon, diosa de nobles rasgos, vio que estaba avergonzado y lo cubrió con el perdón y la comprensión.
05 septiembre 2008
La leyenda de Rhiannon
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Etiquetas: Leyenda Celta
20 agosto 2008
Ícaro

Cuenta la leyenda, qué Minos, el rey de Creta encarga a Dédalo (un famoso arquitecto griego), que construyera el laberinto de Creta, con la finalidad de encerrar al Minotauro.
Cuando Minos se entera que Dédalo le había contado a Ariadna el secreto para que Teseo saliera del laberinto, decide dejarlo encerrado a él y a su hijo Ícaro en el laberinto.
Con la intención de escapar del laberinto, Dédalo construye unas alas, para él y su hijo. Éstas estaban hechas de plumas de pájaros unidas con lino y cera que encontró en panales de abeja. Las ató a los brazos de Ícaro y luego en los suyos e iniciaron el vuelo.
Dédalo había advertido a su imprudente hijo que no volara demasiado bajo ya que el mar mojaría las plumas y las haría pesadas ni demasiado alto porque el sol derretiría la cera y eso provocaría la destrucción de las alas.
Dédalo voló delante de Ícaro, mientras éste fascinado por la belleza del cielo y alentado por el canto de los pájaros, se elevó cada vez más cerca del sol. El calor comenzó a derretir la cera que unía las plumas y éstas empezaron a desprenderse hasta que Ícaro cayó al mar.
Cuando su padre miró atrás, solo vio lo que quedaba de un par de alas flotando en el mar, más jamás encontró a su hijo. Desde entonces ese mar se conoce como Icaria.
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Etiquetas: Leyenda Greco-Romana
16 julio 2008
La Historia de Nornagesta

Las tres hermanas visitaron Dinamarca en una ocasión y entraron en la morada de un noble cuando su primer hijo vino al mundo. Introduciéndose en la habitación en la que se encontraba la madre, la primera Norna prometió que el niño sería bien parecido y valiente y la segunda que sería próspero y un gran escaldo, predicciones que llenaron de alegría los corazones de los padres. Mientras tanto, las noticias de lo que estaba sucediendo se habían expandido y los vecinos entraron en la habitación en tales cantidades que la tercera Norna fue empujada groseramente fuera de su asiento.
Furiosa ante esta afrenta, Skuld se alzó altanera y declaró que los dones concedidos por sus hermanas serían inútiles, ya que ella decretaba que el niño viviría sólo tanto tiempo como el cirio que ardía al lado de la cama tardara en consumirse. Estas palabras llenaron de terror el corazón de la madre y estrechó estremeciéndose al bebé contra su pecho, pues el cirio ya casi se había consumido y su extinción estaba cercana. La Norna mayor, sin embargo, no tenía la intención de ver cómo sus predicciones se convertían en nada, pero, ya que ella no podía obligar a su hermana a retractarse de sus palabras, asió rápidamente el cirio, apagó la llama y le entregó el pedazo humeante a la madre del niño, pidiéndole que lo guardara cuidadosamente y que nunca volviera a encenderlo hasta que su hijo estuviera ya hastiado de la vida.
Al niño se le dio el nombre de Nornagesta, en honor a las Nornas y creció siendo tan hermoso, valiente y talentoso como cualquier madre pudiese desear. Cuando fue lo suficientemente mayor como para comprender la solemnidad de sus obligaciones, su madre le contó la historia de la visita de las Nornas el día de su nacimiento y colocó en su mano el fragmento de vela que quedaba, el cual guardó durante muchos años, dentro del armazón de su arpa para más seguridad. Cuando sus padres fallecieron, Nornagesta deambuló de un lugar a otro, tomando parte y destacando en todas las batallas, cantando sus hazañas heroicas dondequiera que fuese. Ya que era de temperamento entusiasta y poético, no se cansó pronto de la vida, y mientras otros héroes se hacían viejos y decrépitos, él permanecía joven de corazón y vigoroso de cuerpo. Por tanto, presenció las emocionantes gestas de las épocas heroicas, fue un preciado compañero de los antiguos guerreros y, tras vivir durante trescientos años, vio que la creencia en los antiguos dioses paganos pasaba a ser sustituida por las enseñanzas de los misioneros cristianos. Nornagesta llegó finalmente hasta la corte del rey Olav Tryggvesson, el cual, siguiendo su costumbre, le convirtió casi a la fuerza y le convenció para que fuera bautizado. Entonces, deseoso de convencer a su gente de que los tiempos de las supersticiones habían pasado, el rey obligó al anciano escaldo a extraer y encender el cirio que había guardado con tanto cuidado durante más de tres siglos.
A pesar de su reciente conversión, Nornagesta observó inquieto la llama mientras parpadeaba y, cuando finalmente se apagó, cayó al suelo sin vida, demostrando así que, a pesar del bautismo recién recibido, él aún creyó en las predicciones de las Nornas.
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07 julio 2008
Babalú Ayé

Era Babalú Ayé un hombre justo, sencillo, bondadoso y humilde, aunque poderoso, conocido no sólo por su fortuna, sino por su capacidad para enfrentar la adversidad sin lamentaciones inútiles, por su buena disposición para no dejarse abatir por los contratiempos. Aunque joven aún, era respetado y escuchado en su tierra. Incluso Olofin confiaba en su sensatez y ecuanimidad.
A tal punto, que cuando el envidioso Echu le argumentó que no había ni siquiera un hombre justo en la tierra. Olofin de inmediato mencionó a Babalú Ayé como ejemplo, y para dar mayor peso a sus palabras, retó a Echu a que lo tentara y le hiciera perder su fortuna, para ver si culpaba a alguien por ello. Ni corto ni perezoso, Echu así lo hizo y Babalú Ayé perdió hasta la camisa; pero no maldijo ni renegó.
Echu, indignado, se quejó ante Olofin de que Babalú Ayé conservaba su compostura, porque, a pesar de que no tenía fortuna, tenía salud, y todo hombre sano se siente en condiciones de rehacer su vida. Olofin, confiando siempre en Babalú Ayé, instó a Echu a quitarle también la salud. Y allá fue Echu, a cubrir a su víctima de la más asquerosa lepra, la cual lo convirtió en un apestado entre sus propias gentes. Pero ni así logró oir los ayes o las maldiciones de Babalú Ayé.
Volvio Echu ante Olofin, quien, molesto por tanta insistente saña, lo increpó diciéndole que no sólo no le daría ni una oportunidad más de perjudicar a un hombre cuya integridad estaba más que probada y a quien lo único que restaba por hacer era privarlo de la vida, sino que su decisión irrevocable era devolverle a Babalú Ayé fortuna y salud como bienes merecidos.
Y he aqui que Babalú Ayé, más poderoso y fuerte que antes, echó a andar por los caminos de su tierra en busca de una mujer con quien establecer una familia y asegurarse descendencia. Pero quiso su mala suerte que se prendara de la hermana del rey de una tierra vecina, a la cual contagió con sus llagas, por no haber esperado el tiempo necesario para su total curación.
Enterado el soberano, desterró a Babalú Ayé, quien se vio de nuevo en el camino, rotos sus sueños de descendencia y triste porque se le condenaba a vagar sin destino fijo.
Cruzó la frontera y fue a parar muy lejos de su tierra, a un hermoso lugar por donde cruzaba un río y crecían enormes y frondosos árboles. Allí se radicó y fue feliz durante algunos años, sin abandonar la esperanza de tener familia.
Y la ocasión llegó con una hermosa mujer de sedosa y brillante piel morena quien, procedente de otras tierras, había arribado allí por azares del destino. Con amor y tenacidad, ella ayudó a Babalú Ayé a formar su familia, a recuperar su prosperidad y a colaborar con la mayor prosperidad de su pueblo adoptivo: su familia mayor.
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01 julio 2008
Ix Chel e Itzama; La Luna y el Sol

Cuenta una antigua leyenda, que hace muchos muchos años, vivía una diosa hermosa llamada Ix Chel. Itzama, el dios del Sol al verla se enamoró de ella. El tiempo pasó y ellos se casaron, yendo a vivir al cielo en donde pasaron mucho tiempo felices.
Se cuenta que Itzama era un dios muy violento y sumamente celoso, entonces un día, tras uno de sus ataques de celos, acusó a Ix Chel de serle infiel.
Ella que siempre había respetado a su marido, se sintió muy dolida y en vez de discutir con él, simplemente lo dejó y se fue a vivir al cielo de la noche.
Cuando Itzama recapacitó, la fue a buscar, pero Ix Chel se escondió y así lo siguió haciendo cada vez.
Entonces, cuando el dios Sol se retira, sale Ix Chel, la diosa de la Luna, a alumbrarnos la noche.
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