
Hace mucho tiempo, el lago Titicaca era un valle fértil poblado de hombres que vivían felices y tranquilos. Nada les faltaba; la tierra era rica y les procuraba todo lo que necesitaban. Sobre esta tierra no se conocía ni la muerte, ni el odio, ni la ambición. Los Apus, los dioses de las montañas, protegían a los seres humanos. No les prohibieron más que una sola cosa: nadie debía subir a la cima de las montañas donde ardía el Fuego Sagrado. Durante largo tiempo, los hombres no pensaron en infringir esta orden de los dioses. Pero el diablo, espíritu maligno condenado a vivir en la oscuridad, no soportaba ver a los hombres vivir tan tranquilamente en el valle. Él se ingenió para dividir a los hombres sembrando la discordia. Les pidió probar su coraje yendo a buscar el Fuego Sagrado a la cima de las montañas. Entonces un buen día, al alba, los hombres comenzaron a escalar la cima de las montañas, pero a medio camino fueron sorprendidos por los Apus. Éstos comprendieron que los hombres habían desobedecido y decidieron exterminarlos. Miles de pumas salieron de las cavernas y se devoraron a los hombres que suplicaban al diablo por ayuda. Pero éste permanecía insensible a sus súplicas. Viendo eso, Inti, el dios del Sol, se puso a llorar. Sus lágrimas eran tan abundantes que en cuarenta días inundaron el valle. Un hombre y una mujer solamente llegaron a salvarse sobre una barca de junco. Cuando el sol brilló de nuevo, el hombre y la mujer no creían a sus ojos: bajo el cielo azul y puro, estaban en medio de un lago inmenso. En medio de esas aguas flotaban los pumas que estaban ahogados y transformados en estatuas de piedra.
Llamaron entonces al lago Titicaca, el lago de los pumas de piedra.
16 junio 2006
El Lago Titicaca
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19 enero 2006
Los cardones

Cuenta la leyenda que los cardones que hay en los valles, en especialen el camino a Amaicha del Valle, son indios, que convertidos en plantas, aún vigilan los valles y los cerros. Ellos velan por la felicidad de sus habitantes que, de esta manera, nunca más serán perturbados por extraños en conquista de tierras.
Pero más trágico es saber cómo se convirtieron en plantas. Se cuentaque en épocas de la conquista, el Inca, al ver que los españoles estaban dominando y martirizando a su pueblo, envió emisarios a los 4 puntos del imperio para organizar las tropas y así dar un golpe mortal al invasor. Para ello, los guerreros se apostaron en puntos claves por donde pasarían los conquistadores, esperando la orden de atacarlos por sorpresa, pero esta orden nunca llegó pues los chasquis enviados fueron capturados en el camino y el Inca fue capturado, torturado y muerto. Los valientes indios esperaron y esperaron y vieron, desorbitados, pasar las tropas europeas sin recibir la orden de atacar.... pasó el tiempo y desolados, quedaron en sus puestos....la Pachamama, piadosa, los fue adormeciendo y haciéndolos parte de ella.... así comenzaron a unirse sus pies a la greda y la Madre Tierra los cubrió de espinas para evitar que los dañaran en su sueño...
Se dice que aún hoy estos estoicos vigías esperan la orden que nunca llegará...
(leyenda Inca)
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07 enero 2006
El Mago del Tambor

Había una vez, hace muchísimos años, una ciudad muy hermosa llamada Pariallá. Sus caminos se hallaban siempre llenos de flores y sus casas de piedra primorosamente labrada, estaban adornadas con alfombras y tapices de tan brillantes colores que jamás se han vuelto a ver otros tan bellos.
Habitaba esta ciudad gente muy trabajadora, hombres y mujeres que tejían preciosas telas con hilos de oro y plata.
Un buen día llegó a Pariallá un anciano. Caminaba apoyado en un bastón, su espalda se encorvaba tanto, que el hombre se hallaba casi doblado en dos, sus viejos vestidos estaban ya hechos jirones.
Los niños que jugaban en la plaza, al ver aparecer a aquel desconocido, empezaron a burlarse del infeliz. Unos iban tras él, imitando su manera de andar, otros le tiraban sus viejos vestidos y algunos, hasta le insultaban. Mas el anciano seguía caminando muy tranquilo sin hacer caso de aquellos malvados chicuelos.
Anduvo largo rato, seguido de los niños, atravesó la ciudad y cuando ya se hallaba cerca de la salida del pueblo, introdujo la mano en una gran alforja y sacando de ella un lindo tambor dióselo a los muchachos, sin decirles una palabra.
Los chiquillos lo recibieron encantados y dirigiéndose al cerro donde jugaban siempre, comenzaron a tocar el instrumento con manos y pies.
¡Brun bun buun!; resonaba el tambor y el ruido repercutía entre los cerros y llegaba hasta las casas donde se hallaban las personas grandes.
¡Bruun buun buun!; a cada momento retumbaba más fuerte y los muchachos encantados palmoteaban y decían:
“¡Qué viejo tan zonzo; habernos hecho este regalo, después de que nosotros lo hemos insultado!”
¡Burrumbum, buuun, buuun!, sonó de pronto, con tal estruendo, que todos los que tejían dejaron el trabajo asustados y dijeron:
“¿Qué será eso?”
No habían acabado de hablar, cuando el muchacho mayor de la partida dio un puntapié al instrumento e hizo un hueco en una de las redondelas del cuero. En el mismo instante, se oyó un ruido espantoso como si hubieran sonado cien truenos y comenzó a salir del tambor agua y más agua. El líquido brotaba en cantidad tan grande que parecía una inmensa catarata. Pronto anegó las calles, entró en el interior de las casas, inundó todo el campo y fue subiendo, con tal rapidez, que en un dos por tres cubrió el pueblo, las chacras vecinas y el cerro donde se hallaban aquellas malvadas palomillas.
Aquel anciano había sido un poderoso mago y su tambor estaba embrujado. El viejecillo quiso entrar a Pariallá disfrazado de mendigo para probar si la gente que allí vivía tenía buen corazón.
Los viajeros que pasan hoy por ese lugar, contemplan maravillados una laguna azul como el cielo y transparente como el cristal, rodeada de verde hierba y de hermosas flores. En el fondo del lago se encuentra la ciudad de Pariallá, completamente cubierta por las aguas.
(leyenda Inca, versión de José Santos Chocano)
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20 noviembre 2005
La Tirana
Ñusta Huillac, hija del último Gran Sacerdote de los Incas, alimentaba un odio mortal hacia los conquistadores españoles. Cuando Diego de Almagro volvió al Perú, ella se retiro acompañada de sus fieles guerreros a la Pampa del Tamarugal, en aquel tiempo rica región de bosques, donde persiguió y mató a centenares de españoles. Recibió el sobrenombre de Tirana, de allí el de la localidad de La Tirana. Un día sus soldados hicieron prisionero a un portugués y lo llevaron a su presencia. Se trataba de Vasco de Almeyda que venía de Huantajaya donde explotaba una mina de oro (?).
La Ñusta se enamoró de él, pero esto fue su ruina. Por amor se convirtió a la religión de los conquistadores. La pareja fue sorprendida por los guerreros indios cuando se disponían a huir. La princesa y su amante fueron muertos en el campo.
Cien años después un monje, Antonio, encontró en ese mismo sitio una virgen tallada en la roca y una cruz de madera e hizo construir una capilla actualmente centro del culto de los miles de peregrinos
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