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17 septiembre 2007

Nüwa



Nüwa (女媧) era una diosa mitad humana, mitad serpiente que podía cambiar de forma a voluntad. Un día tuvo la sensación de que el mundo que habitaba, aunque lleno de cosas bellas y maravillosas, era un lugar solitario. Deseaba tanto poder compartir aquel hermoso mundo con alguien que un día, meditando sobre el tema, mientras se encontraba sentada a la orilla de un río, introdujo su mano en el agua y del lecho sacó un puñado de barro, al que le dio la forma de una pequeña criatura. Apenas Nüwa colocó la figura sobre el suelo, ésta cobró vida y comenzó alegremente a danzar alrededor de la diosa.
Tan contenta se encontraba Nüwa con su creación que decidió poblar la Tierra con aquel hermoso ser. Trabajo todo el día creando aquellos nuevos seres, cerciorándose de dividirlos en hombres y mujeres para que pudieran engendrar futuras generaciones sin su intervención, pero aún así comprendió que poblar la Tierra sería un trabajo que terminaría por dejarla exhausta antes de cumplir con su propósito. De esta manera, tomo una rama, la introdujo en el barro y después lo sacudió con fuerza en el aire. Las gotas que resbalaban de la rama se iban transformando en los pequeños seres a medida que tocaban el suelo. Algunos creen que aquellos nacidos de las manos de Nüwa son los ricos y afortunados, mientras que los nacidos de las gotas de barro conforman el pueblo común. Y así Nüwa pobló la Tierra.

(leyenda China)


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11 septiembre 2007

Huang Di, El Emperador Amarillo


Después de quince años, el reinado de Haung Di, el “Emperador Amarillo”, empezó a pasar por serios apuros. Aunque sus súbditos estaban encantados con tan benevolente emperador, Huang Di empezaba a descuidar sus obligaciones imperiales y pasaba la mayor parte del tiempo dedicado al placer, hasta que su piel se volvió macilenta y sus sentidos empezaron a embotarse. Pasaron otros quince años, y con ellos llegó una época de desorden social, pero el emperador no hizo nada por remediarlo.

Finalmente, comprendido que era inútil su lucha contra la apatía que se había apoderado de él, dejó en manos de sus ministros todas las decisiones y se recluyó en una cabaña que había en el patio principal, para disciplinar su mente y cuerpo con el ayuno. Un día soñó con el reino de Hua-hsu, una tierra “a la que no pueden llegar los barcos, ni el carro, ni el pie humano”. Era aquel un lugar ideal, poblado por gentes que no conocían el deseo ni la ambición, y que cabalgaban por el aire “como si anduvieran sobre la tierra, y dormían en él como en sus mismas camas”.

Cuando despertó, Huang Di anunció a sus ministros que “es imposible la búsqueda de la Senda Tao a través de los sentidos. Lo sé, lo he descubierto, pero no os lo puedo explicar”. Huang Di experimentó una radical transfrmación y desde ese momento su reino gozó de orden y estabilidad semejantes a los que había visto en la región de Hua-hsu. Al morir se convirtió en un hsien, o inmortal, y sus súbditos lloraron su muerte durante doscientos años.


(leyenda China)


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22 enero 2006

Los cuatro dragones


Hace mucho tiempo, cuando no había ríos ni lagos en la Tierra sino solamente el mar del Este, habitaban en él cuatro dragones: el Gran Dragón, el Dragón Amarillo, el Dragón Negro y el Dragón Perlado.
Un día, los cuatro dragones volaron desde el mar hacia el cielo, en donde comenzaron a jugar con las nubes. De pronto uno de los dragones dijo a los demás “¡Vengan rápido a ver esto, por favor!” "¿Qué sucede?” preguntaron al unísono los otros tres, mirando hacia donde apuntaba el Dragón Perlado. Abajo, en la Tierra, se veía una multitud ofrendando panes y frutas y quemando incienso. Entre el gentío se destacaba una anciana de cabellos blancos, arrodillada en el suelo con un niño pequeño atado a su espalda. Ella rezaba: “Dios de los Cielos, por favor, envíanos pronto la lluvia para que tengamos arroz para nuestros niños”.
Y es que no había llovido por largo tiempo. Los cultivos se secaban, la hierba estaba amarilla y la tierra se resquebrajaba bajo el sol ardiente. "¡Cuán pobre es esta gente!” dijo el Dragón Amarillo, “y morirán si no llueve pronto”.El Gran Dragón asintió. Entonces propuso "Vayamos a rogarle al Emperador de Jade para que haga llover”.Dicho lo cual dio un salto y desapareció entre las nubes. Los demás lo siguieron de cerca y todos volaron hacia el Palacio del Cielo.
El Emperador de Jade era muy poderoso, pues estaba a cargo de los asuntos del cielo y de la tierra. Al emperador no le agradó ver a los dragones llegar a toda velocidad. "¿Qué hacen aquí? ¿Por qué no se comportan como es debido y se quedan en el mar? El Gran Dragón se adelantó y dijo: “Los cultivos de la Tierra se secan y mueren, su majestad. Le ruego que envíe pronto la lluvia”. “Muy bien. Primero vuelvan al mar y mañana enviaré la lluvia”, dijo el emperador. Los cuatro dragones le agradecieron y regresaron muy alegres.
Pero pasaron diez días y ni una sola gota de agua cayó del cielo. La gente sufría más, algunos comían raíces, algunos comían arcilla, cuando ya no hubo más raíces. Viendo esto, los dragones se pusieron muy tristes, pues sabían que el Emperador de Jade sólo se preocupaba por su propio placer y nunca se tomaba a la gente en serio. Sólo ellos cuatro podían ayudar a la gente, pero ¿cómo hacerlo? Mirando hacia el vasto océano, el Gran Dragón dijo tener la solución. "¿De qué se trata? ¡Habla ya!” dijeron los otros tres."Miren. ¿No hay muchísima agua en el mar en donde vivimos? Podríamos tomarla y arrojarla hacia el cielo, entonces caería como si fuera lluvia y se salvarían la gente y sus cultivos” dijo el Gran Dragón. “¡Buena idea!” dijeron los demás aplaudiendo.“Pero”, advirtió el Gran Dragón, “si el emperador se entera nos castigará”."Haría cualquier cosa con tal de ayudar a la gente” dijo el Dragón Amarillo. "Entonces comencemos. De seguro no nos arrepentiremos” dijo el Gran Dragón. El Dragón Negro y el Perlado no se quedaron atrás y volaron hacia el mar para llenar sus bocas de agua, que luego soltaron sobre la Tierra.
Los cuatro dragones iban y venían y el cielo se oscureció de tanta actividad. No pasó mucho rato hasta que el agua del mar estaba derramándose en forma de lluvia sobre toda la Tierra."¡Llueve, llueve! ¡Los cultivos se salvarán!” toda la gente saltaba y gritaba de alegría. Las espigas de trigo y el sorgo se enderezaron.
El Dios del Mar descubrió lo que estaba sucediendo e informó al emperador. "¿Cómo se atreven los cuatro dragones a dar lluvia sin mi permiso?” El Emperador de Jade estaba furioso y ordenó a las tropas del cielo que apresaran a los dragones. Los dragones, en evidente inferioridad numérica, no pudieron defenderse y pronto fueron arrestados y llevados al Palacio del Cielo."Ve y pon cuatro montañas sobre los cuatro dragones, para que nunca más puedan escapar” ordenó el emperador al Dios de las Montañas. Este uso su magia para que cuatro grandes montañas aparecieran volando y cayeran sobre los cuatro dragones.
Aún así, los dragones nunca se arrepintieron de sus actos. Decididos a ayudar a la gente por toda la eternidad, se convirtieron en cuatro ríos, que corrieron atravesando las montañas y los valles, cruzando el territorio de oeste a este para llegar finalmente a su hogar, el mar. Y así se formaron los cuatro grandes ríos de China: el Heilongjian (Dragón Negro) en el norte, el Huanghe (Río Amarillo) en el centro, el Changjiang (Yangtze, o Gran Río) en el sur y el Zhujiang (Perlado) mucho más al sur.

(leyenda Zheijan, China)


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06 noviembre 2005

Realidad y verdad


Esto se cuenta acerca de Meng Hsie. Cuando supo que últimamente los artistas jóvenes se ejercitaban en colocarse cabeza abajo, decían que para ensayar una nueva visión, inmediatamente Meng Hsei practicó también ese ejercicio. Y después de probarlo un rato declaró a sus discípulos: -- Cuando me coloco cabeza abajo se me presenta el mundo bajo un aspecto nuevo y más hermoso.
Esto se comentó, y los jóvenes artistas se ufanaban no poco de que el anciano maestro hubiese respaldado así sus experimentos.
Se había que apenas hablaba, y que enseñaba a sus discípulos no mediante doctrinas sino con su simple presencia y su ejemplo. Por eso sus manifestaciones llamaban mucho la atención y se difundían por todas partes.
Poco después de que aquellas palabras suyas hubiesen hecho las delicias de los inovadores y sorprendido e incluso indignado a muchos de los antiguos , se supo que había hablado otra vez. Contaban que había dicho: -- Es bueno que el hombre tenga dos piernas, porque ponerse boca abajo no favorece la salud. Además, cuando se incorpora el que estuvo cabeza abajo el mundo se le representa doblemente más hermoso que antes.
Estas palabras del maestro escandalizaron a los jóvenes antipodistas, que se sintieron traicionados o burlados, y también a los mandarines. -- Tal día dice Meng Hsie tal cosa, y al día siguiente dice lo contrario -- comentaban los mandarines--. Es imposible que ambas sean verdaderas. ¿Quién hace caso del anciano cuando le flaquea el entendimiento?
Algunos fueron a contarle al maestro lo que decían de él tanto los innovadores como los mandarines. Él se limitó a reír. Y como sus seguidores le demandaron una explicación, dijo: -- La realidad existe, pequeños míos, y ésa es incontrovertible. Verdades, en cambio, es decir, opiniones expresadas mediante palabras, hay muchas, y todas ellas son tan verdaderas como falsas.
Y por mucho que insistieron, los discípulos no consiguieron sacarle una palabra más.


(leyenda china)


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